Saliendo de mi pueblo

¿Alguien dijo que crecer era fácil? Que tomar la decisión dejar la familia y las raíces no traía dolor?

Es verdad que la razón no acompaña al corazón… y me pongo a pensar en esta frase y la comparo con mi vida, con lo que ha pasado desde el día que me desperté y decidí cambiar la rutina de mi vida; los amigos, la familia y la cuidad. ¿Acaso vale la pena dejarlo todo por ir a buscar los sueños? Esa es una pregunta que me he hecho varias veces desde ése primero de Febrero de 2009 cuando tome la iniciativa de montarme en un avión y dejar a un lado mis raíces, mi cuidad, mi casa, mi familia y todo lo que he construido durante veintidós años.Al principio sentí nostalgia y dolor al despedirme, también miedo y la certeza que a pesar de los años y de las vivencias que empezarían a partir de ese momento, implicarían que todo quedaría atrás y que ya nada iba a volver hacer como había sido hasta entonces; era algo contradictorio, quería cambiar mi vida, necesitaba un cambio y eso era lo que estaba haciendo en ese momento. Sin embargo también quería llevarme todo lo que tenía cerca: mis perros, mis papas, mis amigos y parte de mi cuidad, la cual me había dado no sólo el mi identidad Caldense sino todo lo que tenía hasta entonces. Me había dado lo mejor de ella, algo más importante y no fácil de ignorar, me había dado las bases para ser una persona de bien
Así que entendí que la vida es solo un ir y venir de ideas, personas y sentimientos y al final todo se consume y se resume a los recuerdos que por más que quiera desaparecerlos siempre están en mi mente y en mi corazón, en lo más profundo de mi ser acompañándome como una sombra que siempre está conmigo, entonces, casi sin pensarlo, llegué a la conclusión de lo que mas extrañaba era lo que más fuerte me hacía, lo que más me llenaba de ilusiones, sencillamente, lo que más me impedía no rendirme en la mitad del camino.
Era hora entonces de empezar a enfrentar la realidad, sí, una que hace sólo unos meses atrás veía como mi futuro, como algo lejano, algo que apenas estaba construyendo en mi cabeza para poder volverlo realidad pero esta vez era hora de anclar, de aterrizar y ver y aceptar que en este momento no era más un futuro soñado, era el presente del cual ya era dueña; con lo que tanto soñé, lo que tanto anhelé, y casi sin pensarlo, las puertas de mi vida se me estaban abriendo, ya era hora de empezar a compartir y a mostrar a mis papas que tantos años de esfuerzo no fueron en vano y que tanto sacrificio al fin iba empezar a tener sentido, pero aun más importante, demostrarme a mi misma que sí era capaz, que quería y que podía asumir las riendas de mi vida, del presente del que era dueña y del futuro que tendría que empezar a construir.
Entonces fue ahí donde el avión despego y al mirar mi cuidad cayeron muchas lagrimas, pues en la sociedad en la que vivía jamás me habían enseñado a cortar el cordón al que vivía atada, pegado e inseparable de mi ser. Jamás se preocuparon por enseñarme la importancia del desprendimiento y la aceptación que algún día las cosas van a cambiar. No sólo las cosas sino también las personas que más queremos se van a ir para jamás regresar, o al menos por un buen tiempo estaremos lejos de ellos.
Otra vez mis sentimientos parecían contradictorios: como me dolía dejar mi cuidad, pero cuántas ilusiones tenía plasmadas en Bogotá. No sabía lo que sentía en realidad, todo era un nudo de tristezas y sueños a punto de realizarse para que al final no sean más que un futuro que se acercaba con el pasar de los segundos; fue así como mis lagrimas al igual que mi ciudad se fueron alejando poco a poco, así mismo, deje de verlas y en mi rostro reflejaba un aspecto de tranquilidad, pero al mismo tiempo de duda no sabía a qué me iba a enfrentar y con qué cosas me iba a tener que desafiar.
Los minutos siguieron trascurriendo mientras el avión se alejaba mas y mas en lo alto desde la ventana solo lograba ver unas montañas pero esas no eran con las que había crecido eran otras. Así pude ver como mi pasado quedada a un lado.
Al darme cuenta que el avión se acercaba a mi nueva ciudad volví a sentir nostalgia y al sobrevolarla me acordé de una parte de la película Paraíso Travel, donde un amigo le dice al otro desde un puente en dónde se puede ver New York en gran parte que miré la ciudad que ese es el monstro que va a tener que domar, y que no va a ser fácil que las cosas hay que lucharlas y que en la vida hay que ganarse las cosas. Nada es gratis.
Nada mas apropiado para ese momento que ésa frase, pensé y sin alcanzarme a imaginar que con los días esa iba a ser mi única verdad, pero que podía imaginarme si hasta entonces estaba llegando y no podía darme cuenta de la grandeza de la cuidad tenia frente a mí, ya tendría tiempo para explorarla y conocerla y ese era el reto que me había propuesto y era hora de enfrentarlo; ésta vez sola, lejos de mi familia, de mis raíces y de quienes creían en mi y siempre me habían acompañado. Esta vez lo haría por y para mí.
Y así fue, me bajé del avión sintiéndome una prefecta desconocida, pero creyendo que tenía el control de las cosas, no podía demostrar que no me ubicaba y que no tenía idea para donde iba; quien me hubiera visto pensaría que todo estaba perfecto y que conocía la ruta para llegar a mi casa a la perfección
Mi casa, es verdad, no la casa donde había vivido hasta ahora, esa era solo la casa de mis papas con sus órdenes, con sus reglas, con sus enseñanzas y con su cuidado, con su amor y sobre todo con su compañía.
A la que ahora llamaba mi casa era solo un cuarto que había alquilado por recomendación de un amigo, quien aseguró que ahí estaría bien; él conocía y vivía hace varios años en la ciudad, así que afirmó estaría bien ubicada, que por medio de un teléfono y sin conocer en dónde pasaría los primeros meses de mi nueva vida, acepté.
Parecía increíble hasta hace algunas horas, mi casa era un lugar campestre, abierto, allí podía respirar el aire puro y estar cerca de la naturaleza, pero en este momento era solo un cuarto y con quienes iba a convivir eran dos perfectos desconocidos a los cuales jamás les había visto la cara. Bonita forma la que tenemos los seres humanos de decidir y aceptar las condiciones que nos ofrece la vida, no?
Y así fue, después de un pequeño trancón, el cual era la bienvenida que me daba la ciudad para mostrarme su poder y enseñarme que, si quería conseguir algo y ser grande o al menos poder sobrevivir en ella, tendría que llenarme de paciencia, pero la paciencia sí que había estado escaza en mi vida, jamás la había necesitado, las cosas siempre habían estado ahí cuando yo quería y había tendido todo lo que necesitaba sin tener que esperar algún tiempo, parecía egoísta pero fue ahí donde me di cuenta del valor de saber esperar con calma.
Y volvió a mí otra frase célebre: “el que persevera alcanza” fue en este preciso instante donde empezó a darme vueltas en la cabeza y de repente vinieron a mi muchas enseñanzas que parecían haber quedado en el olvido y me acordé de lo importante no es ser el primero, lo importante es hacer las cosas bien para no arrepentirse después y tener la satisfacción del deber cumplido
El trancón pasó y llegué a mi cuarto que ahora lo veía como algo grande y le daba el nombre de mi casa con el mayor orgullo. Su espacio en realidad no era muy grande pero yo lo veía como el mejor y el más grande de los palacios. Al principio todo era un gran desorden de cajas maletas y una cama sin tender, así que decidí empezar a organizar para lograr tener las cosas como se debía como estaba acostumbrada era imposible dejar todas mis costumbres atrás pero casi sin entender el por qué aprendí que lo más importante de la vida es la organización, la planeación. Empecé a ver que no es imposible llegar lejos y que las cosas hay que visualizarlas para volverlas realidad y ponerse metas y así fue como 3 horas después, el caos que parecía ser mi llegada, era el cuarto de una persona normal y un lugar limpio y organizado para poder vivir.
Los primeros días empezaron a pasar, no con la misma rapidez que lo hacían meses atrás pero con cada amanecer una nueva ilusión venia, un día más para dominar lo que al principio era un monstro y hoy no es más que un paraíso que me abría las puertas y me permitía estar en una etapa de cambio y de aprendizaje constante. Una ciudad grande llena de oportunidades maravillosa.
Pero bueno, al fin el día esperado llegó, era pues la hora de ir a estudiar en la cuidad que había soñado, en la escuela que siempre me imagine, era extraña la sensación pues iba con todas las ilusiones pero sin olvidar que no conocía a nadie, que por primera vez en la vida mi punto de referencia no iban a ser mis papas, simplemente iba a ser yo con mis defectos, cualidades, silencios y con mi soledad, la cual sería mi mejor compañía durante varios días y tal vez la única que jamás me iba a abandonar. Acompañada de los recuerdos, esos que a cada instante me llenaban de fortaleza y de nostalgia, de suspiros y de lágrimas pero esos que al final me hacían sentir viva.esos que después de tanto justificaban el estar en esta cuidad!

Este ensayo fue escrito por una gran amiga mia y lo quiero publicar para mostrar y describir esos sentimientos que tenemos todos al desprendernos de nuestra casa.

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